El tan esperado día…
Por fin el tan esperado día había llegado, y sin embargo, no sabía como sentirse al respecto, era lo que siempre había soñado, pero no sabía como reaccionar ante esta situación, todas las personas que quería y que le importaban, estarían allí, no obstante, todos sabían que esta podría ser la última vez que se viesen.
Cada segundo se acercaba más ese instante, que desearía nunca llegase, no era que no quisiese cumplir su sueño, era simplemente que nunca es fácil decir adiós, como le gustaría pensar que sería tan solo un hasta pronto, aunque su corazón, le dictase todo lo contrario.
La hora había llegado, estaba tan feliz y tan triste, no entendía como en un solo segundo podían vivirse sentimientos tan opuestos, y entre la multitud, podía reconocer la cara de aquellas personas que la querían y que no se perderían ese día tan importante en su vida, se sentía tan egoísta al romper sus corazones por cumplir su sueño, y al mismo tiempo se sentía tan afortunada de estar rodeada de personas tan maravillosas que serían capaces de acompañarla sin importar cuan doloroso llegase a ser dicha despedida.
Después de una fila, en la cual la ansiedad se apoderó de sí, era su turno, era una experiencia nueva, iba a ser cada cosa que le indicaran hacer, su sueño, cada vez más cerca de convertirse en realidad, la persona que la atendió, se comporto de una manera tan amable, que la llevo a pensar que tal vez, ese día no sería tan difícil, que se había preocupado más de lo necesario, sin embargo, cuando más segura se sentía, una frase tan sencilla como “tus maletas, por favor”, hizo que todo su valor se desmoronara. Allí estaba ella, a punto de abandonar todo lo que conocía, con un poco de nostalgia entregó sus maletas, dándose cuenta de todos los tesoros y recuerdos de su vida que en ésta iban.
Lo que parecía el paso más importante ya estaba dado, y recordó lo difícil que le había parecido el día que solicitó la visa, ahora parecía un hermoso sueño, sentía que toda su fuerza y sonrisa se iban a desmoronar en cualquier instante, el tiempo estaba en su contra, las semanas anteriores le habían parecido una eternidad, sin embargo, ella hubiese sido capaz de volver a ellas, con tal de no tener que vivir las horas siguientes.
Como aquel relámpago en la mitad del silencio, sonó la dulce voz de una mujer, que anunciaba su vuelo, no podía creerlo era el momento, tenía que decir adiós y mostrarse como una persona fuerte, pero cómo, allí estaban las personas que quería, personas que fueron capaces de salir un día de sus vidas para estar allí, y en el fondo de su corazón, sabía que las personas que en ese instante la rodeaban, desearían volar con ella, y compartir cada segundo de su nuevo sueño, si tan solo se los permitiese.
Pero no era el caso, este era un sueño que ella tenia que emprender sola, y tenía que sufrir y equivocarse para así aprender de sus propios errores, lentamente se levantó, tomó su equipaje de mano, y con el valor que solía caracterizarla se acercó sus amigos, a aquellos ángeles, que la habían acompañado en sus momentos de tristeza y alegría, que habían celebrado junto a ella sus triunfos, y le habían animado en sus derrotas.
No lograba entender, cómo los abrazos siempre la habían confortado, y habían alejado las lágrimas, para ahora convertirse en dagas que herían directamente su corazón, escuchaba palabras de ánimo, pero no servían, claro ella sabía que todo iba a estar bien, estaba a punto de lograr aquello con lo que siempre había soñado, y no se arrepentía de su decisión, pero esto no hacía que el dolor disminuyera, y sin darse cuenta de repente su enorme muralla, que la hacía fuerte cayó, y allí estaba ella, en lo que debería ser el día más feliz de su vida, derramando lágrimas de tristeza junto a sus mejores amigos, no tenía sentido ocultarles lo mucho que le importaban, y por primera vez en su vida, expresó a todos lo que sentía en su corazón, y este fue el único consuelo, para su mar de lágrimas, y sus tristeza, se convirtió en alegría y orgullo de estar rodeada de seres humanos tan maravillosos, que le deseaban lo mejor.
Como le gustaría que ya hubiese pasado lo más difícil, pero antes de darse la vuelta para ver a su familia, debía tomar un poco de valor para no derrumbarse por completo, respiró y se afirmó a si misma que había tomado la mejor decisión, y allí estaban ellos, las únicas personas que podía estar segura estarían siempre en su vida, sin importar las circunstancias, que la apoyarían sin dudarlo, aquellas personas que le habían permitido soñar con lo que un día parecía imposible, pero que estaba a punto de empezar a cumplir.
Abrazos, palabras de aliento, de precaución, de cariño, de fortaleza, no podía creer como su familia decía justo lo que ella necesitaba oír, ellos que la habían acompañado, desde el primer segundo de vida, estaban allí acompañándola, no sabía cuando iba volver a verlos, o a escuchar su voz, solo sabía que sin importar donde se encontrase, ellos siempre le enviarían sus mejores deseos.
Por fin el tan esperado día había llegado, era el momento de seguir sola, un par de abrazos, lágrimas que le partían su corazón, palabras que la hacían seguir adelante, y un cariño que la acompañaría por siempre, empezó el trayecto, sola, miró atrás preguntándose si no se estaba equivocando, no, ya era muy tarde para eso, el dolor pasaría.
Un par de requisas, revisaban su maleta, todo como le dijeron que sería, aunque nadie le dijo lo difícil que sería contenerse para no salir corriendo y volver con su familia. La sala de espera, unos minutos más y estaría en el avión, rumbo a su sueño, estaba tan confusa, nuevamente la tristeza y la alegría se apoderaban de ella, era momento de abordar, ya no había vuelta atrás, y si era sincera consigo mismo, estaba más cerca de lo que había soñado, no era el momento para arrepentirse.
Un viaje largo, durmió cuando pudo, comió cuando sintió hambre, lloró cuando recordó la despedida en el aeropuerto, y cuando sentía que la soledad la consumía, y era el momento de bajar del avión. Fue allí cuando puso el primer pie en su sueño, que entendió que todo el dolor que sentía había valido la pena, estaba allí en el lugar con el que siempre había soñado, y sabía que aunque muy lejos estaban sus amigos y su familia, estarían felices de que lo había logrado, parecía muy difícil, y hasta imposible, pero allí estaba ella.
La tristeza desapareció, por que comprendió, que fue afortunada por cada uno de los segundos que compartió junto a las personas que quería, y era tiempo de continuar, de conocer nuevas personas y nunca olvidar el pasado, simplemente recordarlo con una sonrisa, una vez más tomó su equipaje de mano, sonrió, y emprendió su nueva vida, sin preguntarse si alguna vez volvería a ver a las personas que hace unas horas había dejado, por que sabía que aunque hubiese sido poco tiempo había sido feliz junto a ellas.
Por fin el tan esperado día había llegado, y sin embargo, no sabía como sentirse al respecto, era lo que siempre había soñado, pero no sabía como reaccionar ante esta situación, todas las personas que quería y que le importaban, estarían allí, no obstante, todos sabían que esta podría ser la última vez que se viesen.
Cada segundo se acercaba más ese instante, que desearía nunca llegase, no era que no quisiese cumplir su sueño, era simplemente que nunca es fácil decir adiós, como le gustaría pensar que sería tan solo un hasta pronto, aunque su corazón, le dictase todo lo contrario.
La hora había llegado, estaba tan feliz y tan triste, no entendía como en un solo segundo podían vivirse sentimientos tan opuestos, y entre la multitud, podía reconocer la cara de aquellas personas que la querían y que no se perderían ese día tan importante en su vida, se sentía tan egoísta al romper sus corazones por cumplir su sueño, y al mismo tiempo se sentía tan afortunada de estar rodeada de personas tan maravillosas que serían capaces de acompañarla sin importar cuan doloroso llegase a ser dicha despedida.
Después de una fila, en la cual la ansiedad se apoderó de sí, era su turno, era una experiencia nueva, iba a ser cada cosa que le indicaran hacer, su sueño, cada vez más cerca de convertirse en realidad, la persona que la atendió, se comporto de una manera tan amable, que la llevo a pensar que tal vez, ese día no sería tan difícil, que se había preocupado más de lo necesario, sin embargo, cuando más segura se sentía, una frase tan sencilla como “tus maletas, por favor”, hizo que todo su valor se desmoronara. Allí estaba ella, a punto de abandonar todo lo que conocía, con un poco de nostalgia entregó sus maletas, dándose cuenta de todos los tesoros y recuerdos de su vida que en ésta iban.
Lo que parecía el paso más importante ya estaba dado, y recordó lo difícil que le había parecido el día que solicitó la visa, ahora parecía un hermoso sueño, sentía que toda su fuerza y sonrisa se iban a desmoronar en cualquier instante, el tiempo estaba en su contra, las semanas anteriores le habían parecido una eternidad, sin embargo, ella hubiese sido capaz de volver a ellas, con tal de no tener que vivir las horas siguientes.
Como aquel relámpago en la mitad del silencio, sonó la dulce voz de una mujer, que anunciaba su vuelo, no podía creerlo era el momento, tenía que decir adiós y mostrarse como una persona fuerte, pero cómo, allí estaban las personas que quería, personas que fueron capaces de salir un día de sus vidas para estar allí, y en el fondo de su corazón, sabía que las personas que en ese instante la rodeaban, desearían volar con ella, y compartir cada segundo de su nuevo sueño, si tan solo se los permitiese.
Pero no era el caso, este era un sueño que ella tenia que emprender sola, y tenía que sufrir y equivocarse para así aprender de sus propios errores, lentamente se levantó, tomó su equipaje de mano, y con el valor que solía caracterizarla se acercó sus amigos, a aquellos ángeles, que la habían acompañado en sus momentos de tristeza y alegría, que habían celebrado junto a ella sus triunfos, y le habían animado en sus derrotas.
No lograba entender, cómo los abrazos siempre la habían confortado, y habían alejado las lágrimas, para ahora convertirse en dagas que herían directamente su corazón, escuchaba palabras de ánimo, pero no servían, claro ella sabía que todo iba a estar bien, estaba a punto de lograr aquello con lo que siempre había soñado, y no se arrepentía de su decisión, pero esto no hacía que el dolor disminuyera, y sin darse cuenta de repente su enorme muralla, que la hacía fuerte cayó, y allí estaba ella, en lo que debería ser el día más feliz de su vida, derramando lágrimas de tristeza junto a sus mejores amigos, no tenía sentido ocultarles lo mucho que le importaban, y por primera vez en su vida, expresó a todos lo que sentía en su corazón, y este fue el único consuelo, para su mar de lágrimas, y sus tristeza, se convirtió en alegría y orgullo de estar rodeada de seres humanos tan maravillosos, que le deseaban lo mejor.
Como le gustaría que ya hubiese pasado lo más difícil, pero antes de darse la vuelta para ver a su familia, debía tomar un poco de valor para no derrumbarse por completo, respiró y se afirmó a si misma que había tomado la mejor decisión, y allí estaban ellos, las únicas personas que podía estar segura estarían siempre en su vida, sin importar las circunstancias, que la apoyarían sin dudarlo, aquellas personas que le habían permitido soñar con lo que un día parecía imposible, pero que estaba a punto de empezar a cumplir.
Abrazos, palabras de aliento, de precaución, de cariño, de fortaleza, no podía creer como su familia decía justo lo que ella necesitaba oír, ellos que la habían acompañado, desde el primer segundo de vida, estaban allí acompañándola, no sabía cuando iba volver a verlos, o a escuchar su voz, solo sabía que sin importar donde se encontrase, ellos siempre le enviarían sus mejores deseos.
Por fin el tan esperado día había llegado, era el momento de seguir sola, un par de abrazos, lágrimas que le partían su corazón, palabras que la hacían seguir adelante, y un cariño que la acompañaría por siempre, empezó el trayecto, sola, miró atrás preguntándose si no se estaba equivocando, no, ya era muy tarde para eso, el dolor pasaría.
Un par de requisas, revisaban su maleta, todo como le dijeron que sería, aunque nadie le dijo lo difícil que sería contenerse para no salir corriendo y volver con su familia. La sala de espera, unos minutos más y estaría en el avión, rumbo a su sueño, estaba tan confusa, nuevamente la tristeza y la alegría se apoderaban de ella, era momento de abordar, ya no había vuelta atrás, y si era sincera consigo mismo, estaba más cerca de lo que había soñado, no era el momento para arrepentirse.
Un viaje largo, durmió cuando pudo, comió cuando sintió hambre, lloró cuando recordó la despedida en el aeropuerto, y cuando sentía que la soledad la consumía, y era el momento de bajar del avión. Fue allí cuando puso el primer pie en su sueño, que entendió que todo el dolor que sentía había valido la pena, estaba allí en el lugar con el que siempre había soñado, y sabía que aunque muy lejos estaban sus amigos y su familia, estarían felices de que lo había logrado, parecía muy difícil, y hasta imposible, pero allí estaba ella.
La tristeza desapareció, por que comprendió, que fue afortunada por cada uno de los segundos que compartió junto a las personas que quería, y era tiempo de continuar, de conocer nuevas personas y nunca olvidar el pasado, simplemente recordarlo con una sonrisa, una vez más tomó su equipaje de mano, sonrió, y emprendió su nueva vida, sin preguntarse si alguna vez volvería a ver a las personas que hace unas horas había dejado, por que sabía que aunque hubiese sido poco tiempo había sido feliz junto a ellas.
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