Más allá de un sueño...
Cuando despertó esa mañana estaba realmente contenta, ese día saldría con su hermano a visitar ese nuevo centro comercial, se levantó, se arregló, tenía un extraño presentimiento, pero no quería que nada nublará las esperanzas que tenía sobre ese gran día. Quizás verían una película, o él le compraría unos zapatos nuevos, sería sin duda unos de los mejores días de su vida.
Subieron a la moto, ella tenía que reconocer que al principio le producía demasiado miedo que él la conduciera, iban a toda velocidad, tal como siempre, sin embargo, sin saber cómo ella escuchó un ruido bastante estridente, una luz cegó sus ojos, sentía como su cuerpo volaba por los aíres, de repente todo su mundo desapareció.
Cuando abrió los ojos descubrió que no había sido más que una pesadilla, un sueño recurrente que atormentaba cada una de sus noches... No obstante enfrentarse con la realidad era aún más difícil, éste no era sólo un sueño, era el recuerdo del peor día de toda su vida, ya hace dos años, había sufrido un accidente de tránsito, estuvo un par de meses en el hospital, tenía un par de cicatrices en sus brazos y piernas, pero con el tiempo se le borrarían, sin embargo, el vacío que había en su corazón era imborrable, su hermano había fallecido después de estar varias horas en coma en el hospital.
El dolor era innegable, el pensar que no había tenido la oportunidad de despedirse, tener que vivir sin el mayor motivo en su vida para ser feliz, le era tan difícil cada día concebir el sueño, pretender que todo estaba bien, que quizás algún día lograría sentirse menos vacía. Decidió volver a dormir, sabía que ese sueño la atormentaría cada noche perpetuamente, incluso era un poco menos doloroso que la realidad, al menos podía estar con él unos pocos instantes, observar sus ojos, reír junto a él.
Mientras se quedaba dormida, sentía que alguien la observaba, pero ya estaba acostumbrada, sentía eso cada noche desde el día del accidente. De repente una lágrima irrumpió en el silencio de la noche, ella intentó despertarse pero le era imposible. Quien lloraba era su hermano en una habitación de un hospital, ella escuchó cuando su Madre se acercaba y susurraba unas palabras: "Es tiempo de ir a casa, han pasado dos años, cada día hay menos posibilidades de que despierte, no es tu culpa, fue sólo un accidente".
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