Un arcoiris tan fugaz como un cigarrillo.


Sé que no es mi historia. Sé que no tengo derecho a sentir tristeza o rabia. Pero simplemente, no puedo dejar de hacerlo.
Me duele tanto saber que a vecinos, amigos, compatriotas los matan por amar, por amar a su manera, por construir nuevas maneras de amar.
Y siento rabia. No dejo de pensar que aquellos que aman, tienen más derecho a vivir que aquellos que vamos por el mundo pretendiendo amar, pero en intentos desesperados por reconocer el amor solo dejamos corazones rotos a nuestro paso.
Mientras otros sí reconocen el valor del amor, y están dispuestos a dar hasta su vida. Y terminan dándola, pero no a quien aman, sino a los despreciables crimenes de odio.
En el fondo, espero que mi incapacidad de amar, se desencadene en una imposibilidad para odiar, por que vaya, que es el odio capaz de las más temibles atrocidades: discriminación, estigmatización, repudio, abandono, desprecio, maltrato, muerte.
Pero sí me detengo a pensarlo lentamente, aquellos que son capaces de amar, no son capaces de odiar. Porque saben que el sentimiento más maravilloso que existe no es capaz de transformarse en algo tan negativo.
Y el contrario del amor, no es el odio, es el miedo. Y aquellas personas que se atreven a enfrentarse al miedo y al mundo, merecen más esta vida que cualquiera.
Sin embargo, la lógica hace mucho que abandono este mundo. Ni siquiera la locura lo gobierna. Estamos a merced de la insensibilidad, de ideas insensatas que se apoderan de gobernantes, clérigos, estudiantes y trabajadores, otorgando el derecho a juzgar y a decidir sobre las vidas de otros.

Lo diré una y mil veces, y seguiré luchando hasta el día en que sea a mi a quien inesperadamente me arrebaten la vida, -ya sea por los crimenes de odio, o por el miedo-:
Tenemos derechos, derechos a decidir sobre nuestros cuerpos, sobre nuestras váginas, sobre nuestras vidas. Podemos decidir a quién y cuándo amar, sin que medio mundo tenga que interponerse porque no es lo que estaba escrito. Pues este lienzo es mío, y yo decido cómo escribir mi vida.

Libres para amar, libres para elegir, libres para abortar, libres para ser.

  

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